Privacidad

¿Cuánto vale nuestra privacidad?

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Parece que las grandes empresas tecnológicas son una gran ONG que nos ofrecen sus servicios de forma gratuita, pero nada más lejos de la realidad. A estas alturas, todos sabemos que nosotros somos el producto y que los datos que recaban sobre nuestra persona son el elevado precio que estamos pagando…

Facebook, Google, Twitter, Youtube, etc. son a priori las que más beneficios sacan en este aspecto, pero lo cierto es que cualquier empresa o sitio web puede saber a la perfección muchas más cosas de las que nos imaginamos.

Las cookies que aceptamos siempre que navegamos por un determinado site recaban información de nuestra actividad online como nuestra ubicación, nombre y hábitos, la forma en que nos movemos por la web, el tiempo que empleamos en ella, o cómo accedemos a otros sitios. En el mejor de los casos, estos datos se utilizan para hacer estudios internos, pero es cada vez más frecuente que las empresas paguen al sitio que visitamos para instalar sus propias cookies, e incluso, para venderlos a terceros. Y no sólo están las cookies, ya conocidas por todos, sino que también existen otros procedimientos de recopilación de datos como los indicadores o sondas. Un indicador anónimo es una cadena de caracteres aleatorios que se usa con la misma finalidad que las mencionadas cookies en plataformas en las que la tecnología de éstas no está disponible. Esto incluye también algunos tipos de dispositivos móviles y las aplicaciones instaladas.

A día de hoy, estamos completamente vigilados y desconocemos para qué se usa la gran cantidad de información que las empresas recopilan sobre nosotros. Lo cierto es que esto empieza a dar un poco de miedo… ¿por qué? Pues porque la cosa no sólo se queda en que, por ejemplo, los algoritmos de Facebook rastreen toda nuestra actividad como usuarios y consumidores hasta el punto de elaborar perfiles sociales destinados a agencias de marketing, sino que el registro puede continuar si no salimos de la aplicación de forma manual, es decir, si simplemente cerramos la página sin cerrar sesión, las cookies de la red social continúan siguiendo todos nuestros pasos online.

Internet nos vigila

¿Dónde ha quedado el preciado anonimato? ¿Y la privacidad? Amigos, eso es cosa del pasado. Estemos donde estemos (ya sea en nuestra casa o en la calle), hay un sinfín de aparatos tecnológicos que recopilan información para su incorporación a bases de datos que posiblemente reportan algún beneficio a alguien, pero nosotros no sabemos ni a quién ni para qué. Un claro ejemplo son las redes wifi públicas o las cámaras de video-vigilancia. En casa también estamos controlados… cada vez hay más electrodomésticos inteligentes preparados para conocer nuestros hábitos y anticiparse a nuestras necesidades. De esta manera, se adelantan a ofrecernos productos que ni si quiera sabernos que queremos.

A pesar de todo esto, hay mucha gente que no se preocupa ni lo más mínimo por estas cuestiones, es más, ven el lado positivo del asunto. ¿Qué cuál es? Bueno, gracias a estas técnicas de recopilación de datos podemos obtener publicidad, servicios y atención personalizada. Pero ¿hasta dónde vamos a llegar? Está bien que los anuncios que se nos muestran en la red estén relacionados con nuestras búsquedas y preferencias pero, ¿realmente queréis que las empresas sepan vuestros datos financieros o vuestros historiales médicos? Este simple hecho podría hacer que no consigáis un puesto de trabajo o que el seguro médico os salga mucho más caro

Ahora vayamos un poquito más lejos. ¿Cuál es el nivel de seguridad que tenemos como usuarios de la red o de dispositivos móviles? Lo cierto es que es bastante bajo. Ya no sólo están las cookies, también existen los hackers. Sí, esa figura que se siente lejos pero que en realidad está mucho más cerca de lo que pensamos… Las webcams de los ordenadores y móviles son tan vulnerables como nosotros mismos. De hecho, hay páginas web que se dedican en exclusiva a ver lo que están grabando las cámaras de los móviles. Así que ese remedio casero de poner un post-it en ese “tercer ojo” puede no resultar una mala idea.

¿Soluciones para todo esto? Pues está difícil escapar a todas estas artimañas, entre otras cosas porque hemos adoptado la mala costumbre de que cuando instalamos cualquier App en nuestros smartphones, aprobamos los permisos que nos piden en bloque, sin ni siquiera leer lo que estamos autorizando. Lo mismo ocurre cuando aceptamos las condiciones de uso de lo que sea sin leer tan siquiera la primera línea. Con estas prácticas difícilmente podemos escapar de esta invasión a nuestra privacidad.

Afortunadamente hay algunos proyectos como la EEF.org, que llevan iniciativas como https://tosback.org/ o https://tosdr.org/  en las que luchan por defender nuestros derechos en el mundo digital.

Paula Giao¿Cuánto vale nuestra privacidad?
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